Entretenimiento
Por Hans Rothgiesser
23 de Noviembre de 2011

La otra habitación es la última obra puesta por Plan 9, esta vez en el Teatro Larco. Fue escrita por Sarah Ruhl, una dramaturga con una reconocida trayectoria. Su obra El celular de un hombre muerto también fue puesta por Plan 9. Los que la vieron ya se pueden hacer una idea del humor negro y fino que maneja esta autora. En la otra habitación fue escrita en el 2009 y fue la primera obra de esta dramaturga en ser mostrada en Broadway. Fue finalista en el 2010 para el premio Pulitzer al drama y fue nominada en el 2010 para los premios Tony a mejor obra, mejor actriz y mejor vestuario.
La historia gira alrededor del doctor Givings, que utiliza un vibrador rudimentario para tratar la histeria. El médico, por supuesto, tiene una aproximación científica a la problemática en cuestión, desde la perspectiva de la ciencia aceptada en ese entonces, la cual es en realidad un entorno para abordar temas relacionados con la naturaleza de la felicidad en los hombres y en las mujeres. Leonardo Torres interpreta a este científico de una manera magistral, no solo imprimiéndole esa admiración por los fenómenos naturales propios de un médico de esa época, sino además totalmente despistado con respecto de las intenciones e inquietudes de su esposa, interpretada por Vanessa Saba.
Y es que mientras el médico está ocupado con su artefacto revolucionario y con los pacientes que trata -de los cuales no todos son mujeres-, su mujer está teniendo serias dudas acerca de la vida. De hecho, si bien las teorías de Givings le dan el toque innovador y creativo a la obra, son las inquietudes de su mujer las que le dan profundidad. La evolución en su personaje es interpretado a la perfección y muestra claramente las distintas etapas por las que pasa.
De los demás actores, tres sobresalen. Primero, Norma Martínez, como una de las pacientes de Torres, la cual desarrolla una relación con su familia. Su personaje también muestra una evolución que va desde su forma de vestir hasta su forma de hablar. Martínez nos demuestra una vez más que básicamente no hay reto demasiado alto a la hora de actuar en el teatro. Segundo, Claudio Calmet, como un artista bloqueado que viene al consultorio del doctor Givings en busca de ayuda. Su mezcla de atolondrado y respetuoso es adecuado para el personaje que interpreta. Y tercero, Malena Romero, en un papel sutil y sin mucha exposición, pero cuyas líneas le dan sentido a buena parte de la obra y deben ser entregadas con precisión, algo que la actriz hace.
La escenografía es correcta, aunque no excepcional. En cambio, el vestuario sí llama la atención. Además, cabe mencionar que el Teatro Larco es ideal para este tipo de obra. Su tamaño proyecta el sentimiento de intimidad adecuado que en un teatro más grande, como el de la Biblioteca Nacional -habitual guarida de las obras de Plan 9-, no habría podido darse.
Si algo me descuadró fue el final, el cual resulta ligeramente apresurado y cuya resolución del conflicto principal es algo extraña. No por el lado de la señora Givings, que se comporta de manera consecuente con el personaje que se ha estado construyendo desde el inicio de la obra, sino por el lado del doctor Givings, que de cierta manera podría parecer que no está siendo consistente con lo que ha estado pregonando desde que apareció por primera vez en escena. No obstante, no es un mal final y cumple con darle el cierre a un mensaje bastante sólido que se ha estado presentando de distintas maneras.
La obra estará hasta el 12 de diciembre, de jueves a domingo en el Teatro Larco. La entrada está S/.40 general y S/.20 para estudiantes.

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