Entretenimiento
Por Nicolás Vega
27 de Octubre de 2011

Con una escenografía prolija, un elenco preciso, un octavo aniversario, el maestro Szyszlo entre el público y una dirección impecable de Chela de Ferrari, el domingo tuve la oportunidad de ver interpretada una obra que había leído hace años en su idioma original: La fiesta de cumpleaños del inglés Nobel de Literatura, Harold Pinter. El Teatro La Plaza ISIL lucía casa llena y la obra estuvo bien montada, narró correctamente la obra de Pinter y capturó su estrategia más conocida para mantener al público enganchado: hacer que todo el dialogo genere dudas acerca de los personajes, sus motivos, la exactitud de la trama y finalmente decepcionar una y otra vez al público al no proveer un esclarecimiento respecto a ninguno de estos temas.
La fiesta de cumpleaños cuenta la historia de Stanley, según la información que provee la obra es un músico que ya no toca, pero que tuvo éxito en un pasado poco definido. Stanley quién vive en una casa, que parece ser de hospedaje, en Inglaterra. Vive con los dueños de la casa –Meg y Petey– hace unos años, pues es el único hospedado. Finalmente llegan dos personajes que parecen ser de su pasado. Llegan como huéspedes coincidentemente el día en el que Meg, mujer de varias décadas, quiere preparar una fiesta sorpresa para Stanley. Sin embargo, resulta que el cumpleaños será la fachada que estos desconocidos, cuyas identidades son aún menos claras que las del protagonista, usarán para llevar a cabo su aparente misión. La razón por la que este breve abstracto tiene varios "parecen" se debe mayormente a que hay mucho que no queda claro, como lo pretende el escritor, dejando al público con más preguntas que respuestas.
El elenco logró crear la tensión y sentido de constante amenaza que la obra demanda. Más aún, seguramente debido a la dirección y la meticulosa iluminación del escenario, la sala de la casa de Meg se convirtió en un lugar que al principio inspira ternura, a la mitad inculca recelo y finalmente demanda tristeza con el desenlace que, a pesar de no responder las muchas incógnitas racionales que marean la cabeza del espectador, incitan en él una reacción muy emocional.
Lla obra tuvo una escenografía de primer nivel, una iluminación que le quedaba a la trama como guante y actuaciones muy sólidas. Merece mención aparte la de Paul Vega como un neurótico, inseguro y al mismo tiempo pedante e insumiso Stanley. Además de la fuente de toda la ternura y la mayoría de risas que regala este cumpleaños: la interpretación anecdótica de Meg que presenta Ana Cecilia Natteri. Como en la mayoría de montajes, los intérpretes salieron a recibir aplausos tres veces y como en pocas ocasiones el aprecio del público se torno más bullicioso en cada una de estas salidas.
Lamentablemente hay un tema de fondo que ni siquiera la impecabilidad técnica, desde la escenografía hasta el nivel de los actores de esta obra, puede evitar. Si bien es sumamente difícil llevar a cabo una obra cuyo guión original fue escrito en un idioma ajeno al que se usa para interpretarlo, está misión se vuelve aún más pesada cuando el idioma es el inglés británico y el escritor es Harold Pinter. Como muchos críticos de sus obras han dicho a través de los años, en una obra de este autor es más importante lo que no se dice de lo que se dice. En el caso de La fiesta de cumpleaños mucho de lo que no se dice, que hubiese causado más risas, más ternura o más conmoción, se pierde al ser imposible hacer que ciertas frases populares de otra cultura reflejen el doble significado que las hacen meritorias de ser elegidas por Pinter. Este equipo bien podría montar cualquier obra de teatro con mucho éxito.

Link permanente: http://semanaeconomica.com/articulos/73485
| Monedas | Compra | Venta |
|---|---|---|
| Dólar Interbancario | 2.668 | 2.669 |
| Dólar Paralelo | 2.660 | 2.662 |
| Euro | 3.336 | 3.749 |
Fuente: Bolsa de Valores de Lima.
Términos de uso
Fuente: Yahoo! Finance.
Cargando desde Twitter 
Búsquedas habituales
Visite también: Versión PDF Grupo APOYO | Ipsos APOYO Opinión y Mercado | Encuesta del poder